Libro de Ejercicios – Tema 2 – Lección 237
Cristo se convierte en mis ojos y en los oídos que hoy escuchan la Voz que habla por Dios. Padre, vengo a Ti a través de Aquel que es Tu Hijo, así como mi verdadero ser. Amén.
Cristo se convierte en mis ojos y en los oídos que hoy escuchan la Voz que habla por Dios. Padre, vengo a Ti a través de Aquel que es Tu Hijo, así como mi verdadero ser. Amén.
Lo único de valor que el pasado te puede ofrecer es que aprendas que jamás te dio ninguna recompensa que quisieras conservar. Pues sólo así estarás dispuesto a renunciar a él y a que desaparezca para siempre.
Padre, hoy mi mente está abierta para recibir Tus Pensamientos, pero cerrada a cualquier otro pensamiento que no proceda de Ti. Gobierno mi mente y te la ofrezco a Ti. Acepta mi regalo, pues es el que Tú me hiciste a mí.
No puede ser difícil llevar a cabo la tarea que Cristo te encomendó, pues es Él Quien la desempeña. Y a medida que la llevas a cabo, aprendes que el cuerpo sólo aparenta ser el medio para ejecutarla. Pues la Mente es Suya. Por lo tanto, tiene que ser tuya.
El Cristo en ti no habita en un cuerpo. Sin embargo, está en ti. De ello se deduce, por lo tanto, que no tú estás dentro de un cuerpo. Lo que se encuentra dentro de ti no puede estar afuera. Y es cierto que no puedes estar aparte de lo que constituye el centro mismo de tu vida.
Padre, Tu Santidad es mía. Tu Amor me creó e hizo que mi inocencia fuese por siempre parte de Ti. No hay culpa o pecado en mí, puesto que no los hay en Ti.
No trates de hacer que tu especialismo sea la verdad, pues si lo fuese estarías ciertamente perdido. En lugar de ello, siéntete agradecido de que se te haya concedido ver la santidad de tu hermano debido a que es la verdad. Y lo que es verdad con respecto a él tiene que ser igualmente verdad con respecto a ti.
Te agradecemos, Padre, que no podamos perder el recuerdo de Ti ni el de Tu Amor. Reconocemos nuestra seguridad y Te damos gracias por todos los dones que nos has concedido, por toda la amorosa ayuda que nos has prestado, por Tu inagotable paciencia y por habernos dado Tu Palabra de que hemos sido salvados.
El mundo se aquieta ante la santidad de tu hermano, y la paz desciende sobre él dulcemente y con una bendición tan completa que todo vestigio de conflicto que pudiera acecharte en la obscuridad de la noche desaparece. Él es quien te salva de tus sueños de terror.
Hoy nos dirige un solo Guía. Y mientras caminamos juntos, Le entregamos este día sin reserva alguna. Éste es Su día. Y por eso es un día de incontables dones y de infinitas mercedes para nosotros.
Lo que deseas es verdad para ti. Pues es imposible desear algo y no tener fe en que es real. Desear otorga realidad tan irremediablemente como ejercer la voluntad crea. El poder de un deseo apoya a las ilusiones tan fuertemente como el amor se extiende a sí mismo. Excepto que uno de ellos engaña y el otro sana.
Así es como debería ser cada día. Practica hoy el final del miedo. Ten fe en Aquel que es tu Padre. Deja todo en Sus Manos. Deja que Él te revele todo y no te desanimes, pues eres Su Hijo.