Libro de Ejercicios – Tema 6 – Lección 279
Hoy aceptaré Tus promesas y depositaré mi fe en ellas. Mi Padre ama a Aquel a Quien creó como Su Hijo. ¿Me negaría, entonces, los regalos que me hizo?
Hoy aceptaré Tus promesas y depositaré mi fe en ellas. Mi Padre ama a Aquel a Quien creó como Su Hijo. ¿Me negaría, entonces, los regalos que me hizo?
El nuevo comienzo se convierte ahora en el foco central de nuestro programa de estudios. No hay duda con respecto a cuál es la meta, pero ahora se necesitan métodos específicos para alcanzarla. La rapidez con la que puedes hacerlo depende únicamente de esto: que estés dispuesto a poner en práctica cada paso.
Padre, lo único que pido es la verdad. He tenido muchos pensamientos descabellados acerca de mí mismo y de mi creación, y he introducido en mi mente un sueño de miedo. Hoy no quiero soñar. Elijo el camino que conduce a Ti en lugar de la locura y el miedo. Pues la verdad está a salvo y sólo el amor es seguro.
El que es esclavo de ídolos lo es porque está dispuesto a serlo. Y dispuesto tiene que estar para poderse postrar en adoración ante lo que no tiene vida y buscar poder en lo que es impotente. ¿Qué le sucedió al santo Hijo de Dios para que su deseo fuera dejarse caer más bajo que las piedras del suelo y esperar que los ídolos lo elevasen?
Tu Hijo es libre, Padre mío. Que no me imagine que lo he aprisionado con leyes que yo mismo inventé para que gobernasen el cuerpo. Él no está sujeto a ninguna de las leyes que he promulgado para ofrecerle más seguridad al cuerpo. Lo que cambia no puede alterar a Tu Hijo en absoluto. Él no es esclavo de ninguna de las leyes del tiempo. Es tal como Tú lo creaste porque no conoce otra ley que la del amor.
¿Qué es un ídolo? ¿Crees saberlo? Pues los ídolos no se reconocen como tales y nunca se ven como realmente son. Ése es su único poder. Su propósito es turbio, y son a la vez temidos y venerados precisamente porque no sabes para qué son ni para qué se concibieron.
Padre, he hecho mía Tu Palabra. Y es Ésta la que les comunicaré a todos mis hermanos, quienes me fueron confiados para que los amara como parte de mí, tal como yo soy amado, bendecido y salvado por Ti.
No busques fuera de ti mismo. Pues será en vano y llorarás cada vez que un ídolo se desmorone. El Cielo no se puede encontrar donde no está ni es posible hallar paz en ningún otro lugar excepto en él. Cuando clamas a Dios, ninguno de los ídolos que veneras te contestará en Su lugar.
Tu sanadora Voz protege hoy todas las cosas, por lo tanto, dejo todo en Tus Manos. No tengo que estar ansioso por nada. Pues Tu Voz me indicará qué hacer, adónde ir, con quién debo hablar y qué debo decirle; qué pensamientos debo albergar y qué palabras debo transmitir al mundo. La seguridad que ofrezco me es dada a mí. Padre, Tu Voz protege todas las cosas a través de mí.
En el perdón reside tu paz, pues en él radica el fin de la separación y del sueño de peligro y destrucción, de pecado y muerte, de locura y asesinato, así como de aflicción y pérdida. Éste es el “sacrificio” que pide la salvación y, a cambio de todo ello, gustosamente ofrece la paz.
Hoy nos llega una bendición especial de Aquel que es nuestro Padre. Dedícale este día y hoy no tendrás miedo, pues el día habrá sido consagrado al Amor.
Hay un lugar en ti en el que este mundo en su totalidad ha sido olvidado y en el que no quedan memorias de pecado ni de ilusiones. Hay un lugar en ti donde el tiempo ha desaparecido y donde se oyen ecos de la eternidad.